Jueves, 13 Septiembre 2018

La conexión entre dos mártires: Poveda - Puglisi

ROMA, Italia.
El próximo sábado, día 15, el papa Francisco viajará a Palermo (Sicilia, Italia) con motivo del 25º aniversario del asesinato del Padre Giuseppe (Pino) Puglisi (1937-1993). ¿Y qué tiene que ver don Pino con don Pedro Poveda, que murió cuando él no había nacido todavía y que vivieron, además, en contextos tan distintos e incluso tan distantes? Nos lo ha revelado la tesis doctoral de Maurizio Artale, actual presidente del Centro Padre Nostro, exponente de la nueva realidad que está surgiendo en el barrio palermitano de Brancaccio.

El Padre Pino Puglisi, llamado cariñosamene “3P” (también es “3P” el Padre Pedro Poveda), era párroco de Brancaccio, barrio en que había nacido, hijo de un zapatero y una modista. A los 16 años ingresó en el Seminario de Palermo y recibió la ordenación de presbítero en 1960. Desde el comienzo de su sacerdocio dirigió la mirada hacia los barrios más marginados de la ciudad y hacia los jóvenes. Colaboró en el Seminario menor y fue director del Centro Diocesano para las Vocaciones; después dirigió el Centro Regional y fue miembro del Consejo nacional. Por algún tiempo enseñó también matemáticas y religión en distintos colegios, ocupándose siempre, apasionadamente, de la formación de los jóvenes. En 1990 fue nombrado párroco de San Cayetano de Brancaccio, su barrio, cuyo ambiente conocía muy bien. Dedicó su atención preferente a los niños y a los adolescentes reclutados por la criminalidad mafiosa, y favoreció con firmeza la cultura de la legalidad y de la promoción humana y social iluminadas por la fe. Esta actividad pastoral valientemente realizada, según la investigación judicial fue la causa de su asesinato, a la puerta de la casa donde vivía con sus padres, el 15 de septiembre de 1993, día de su 56 cumpleaños. El crimen conmovió profundamente a Italia y los ejecutores y responsables fueron arrestados y condenados. Don Pino fue beatificado como mártir el 25 de mayo de 2013.

Lo que no sabíamos es que “la tarde de su asesinato ―copio, traduciendo, de la tesis de Maurizio Artale― sobre la mesilla de noche del Beato fue encontrado un libro escrito por el jesuita Domenico Mondrone, titulado Un prete scomodo (Mondrone D., 1961), que habla de don Pedro Poveda Castroverde, sacerdote andaluz [...], canonizado en 2003. La presencia de este libro en el dormitorio del Beato, con toda evidencia leído y subrayado, parece una ironía de la suerte, pero, sin embargo, tratándose de dos mártires, constituye verdaderamente un signo” (p. 81).

“Existen, ciertamente, puntos de contacto entre ambos en su modo de vivir el compromiso sacerdotal y su historia”, añade Artale, y presenta después varios datos biográficos (con alguna imprecisión) del Padre Poveda.

El libro Un prete scomodo (un sacerdote incómodo, molesto), lleva como subtítulo: Don Pietro Poveda Castoverde, Fondatore della Istituzione Teresiana, y fue editado por “La Civiltà Cattolica”, Roma 1961. Se hizo con motivo del cincuentenario de la fundación de la Institución Teresiana y fue traducido pronto al español (Paulinas, Bilbao 1965) y al portugués (Paulinas, Sao Paulo 1965). En Italia vio también otra edición (Ancora, Milano 1969).

Es verosímil que el Padre Puglisi tuviera este libro desde su primera edición. Dice Artale: “En los años sesenta el texto sobre el sacerdote español se daba en los seminarios a los futuros sacerdotes, para que conocieran el martirio del sacerdote fundador de la Institución Teresiana. El libro encontrado en la mesilla del Beato Puglisi parece provenir de los ambientes de los seminarios”. Confirmamos esta hipótesis, porque yo misma me he encontrado con varios sacerdotes y algunos obispos ―Mons. Di Ruberto, arzobispo secretario de la Congregación de los Santos; Mons. Bocaccio, obispo de Poggio Mirteto, por ejemplo― que conocían bien al Padre Poveda porque les habían leído el Prete scomodo en el Seminario, y me comentaban que este libro había pasado por las manos de generaciones de sacerdotes italianos que consideraban al Padre Poveda como un verdadero modelo de vida sacerdotal.

Continúa Artale: “El libro que tenía en su mesilla el Beato Puglisi parece que había sido usado desde hacía mucho tiempo, porque en muchas partes tiene arreglos y está pegado, y de sus numerosos subrayados se deduce que la figura de don Pedro Poveda le había impresionado vivamente, e incluso se pueden hipotetizar aspectos específicos que reclamaron su interés: el tema de la vocación, la centralidad de Jesús sacramentado, la fuerza interior del sacerdote español.

Respecto a este último punto, en el capítulo ‘Dalle Asturie all’Andalusia’, el Beato Puglisi subraya que don Pedro Poveda había sido definido como una ‘barra de acero en un estuche de terciopelo’ y este subrayado parece profético por la fuerza interior que custodiaba el frágil cuerpo humano del Beato, mostrada a través de su servicio y que llegó hasta alcanzar el martirio. El texto se refiere muchas veces a la determinación en los propósitos y en los principios y a la serenidad con que el Padre Poveda afrontaba cada situación. Es inmediata la asociación con la sonrisa de Puglisi, con la que se acercaba a cada hombre que encontraba, incluido su asesino” (p. 82).

El autor de la tesis dedica ocho interesantes páginas a la relación entre Poveda y Puglisi; enumera quince del Prete scomodo que contienen subrayados de este último y copia algunos de los escritos de Poveda presentes en el libro que el Beato señala. Por obvias razones de espacio no podemos reproducir aquí este precioso contenido, pero sí resumir las ideas principales.

Se detiene primero en la importancia que el Padre Poveda daba a la vocación y copia el amplio texto subrayado por Puglisi que conocemos muy bien: “Perché io do tanta importanza alla vocazione?...”. Tanto el uno como el otro eran personas vocacionadas, convencidas de su misión y coherentes con ella en su vida.
Pasa luego a la “ambivalente vocación teresiana (‘santità e cultura’), subraya que los miembros de la Institución deben poner a Dios en el corazón, ‘farsi anime piene di Dio’...”, y sigue citando el texto povedano subrayado por Puglisi.

Lo conecta después con el tema eucarístico, señalando la coincidencia de ambos sacerdotes en no dejar de celebrar nunca la santa misa y en la evidente valoración de la presencia eucarística. Escribe Artale: “En el capítulo titulado ‘I grandi amori del Poveda’ el Beato Puglisi subraya: Desidero vivamente che in tutte le nostre case vi si Gesù sacramentato, e che nemmeno in questo tempo di vacanze si stia senza il Santissimo...” (p. 86) y continúa citando este texto de Poveda, que también conocemos bien, para extenderse ampliamente después en la devoción eucarística de los dos.

Muy interesante la apreciación sobre un moralismo prohibitivo. “Don Pedro Poveda era contrario ―escribe Artale― a la praxis consolidada de la ascética tradicional que hacía resaltar la renuncia, la prohibición, la mortificación para contrastar las pasiones humanas y elevarse a Dios. Él, sin embargo, prefería enseñar a sus discípulas a ‘potenciar la naturaleza humana –cita a Mondrone-, exaltar sus valores y desarrollarlos armónicamente para insertar en ellos la gracia. Por eso es necesario conoscere bene la figura de Gesù Cristo, studiando con amore il santo Vangelo, chiedendo la luce allo Sapirito Santo, autore delle Sacre Scritture (...). Che Cristo si forme in voi, che rappresentiate Cristo, che siate delle vere cristiane” (p. 87). Así, entre los subrayados del texto de Mondrone y las citas de escritos del Padre Poveda que incluye, el Padre Puglisi encontró en este libro algo así como el manual de cabecera de su vida espiritual y apostólica, frecuentado durante decenios y presente en su mesilla de noche hasta el último día de su vida, día, para ambos, de ofrecerla en martirio al Señor.

Concluye Artale refiriéndose a la capacidad de acogida y de escucha de los dos sacerdotes, mantenida viva a través de los recuerdos conservados de ambos, en el caso de Puglisi su casa convertida en museo, y recuerda esta anécdota:

“Cuando se inauguró la Casa Museo del Beato Giuseppe Puglisi, mientras un gran flujo de gente atravesaba la pequeña habitación, una persona de unos 60 años se apoyó en la esquina de la pared frente al sofá rojo y, después de algún minuto, se echó a llorar hondamente. Me acerqué a preguntarle si necesitaba algo, y él me respondió: ‘es como si lo tuviese delante de los ojos, él sentado en la butaca y yo en el sofá... ¡Cuántas horas hemos pasado al lado uno del otro...! No nos encontramos solo una vez’. Experimenté una fuerte emoción, lo dejé con sus recuerdos y me fui a acoger a otras personas” (p. 88).

El hoy san Pedro Poveda fue beatificado, junto con Victoria Díez, el 10 de octubre de 1993, apenas unas semanas después del martirio de don Pino Puglisi el 15 de septiembre, y es muy probable que este sacerdote palermitano gozara con la noticia de la próxima beatificación del Padre Poveda en Roma. Celebraremos, pues, los 25 años de este doble evento que nos muestra con toda evidencia cómo la vida y el ejemplo de un sacerdote coherente, acogedor y mártir fue formando, año tras año, el temple humano y espiritual de otro sacerdote también entregado a Dios y a sus hermanos, y mártir.

Vídeo ¿Quién era Don Pino Puglisi?
Visita a la casa de Don Pino
Miembros de la Instituicón Teresiana visitan la casa de Don Pino Puglisi

 


María Encarnación González

 

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