Como los primeros cristianos

La tarea humanizada en la que nos comprometemos los miembros de la Institución Teresiana, tiene su raíz en la encarnación de Jesús de Nazaret en la historia, es una apuesta por la persona y su dignidad como eje de cualquier cambio. Somos mujeres y hombres que vivimos nuestra fe en la vida cotidiana, conscientes del regalo que recibimos en el bautismo. La alimentamos con la oración, la eucaristía y la comunión fraterna y familiar. Por ello procuramos que todas nuestras acciones se inspiren en los valores y exigencias del Evangelio. 

"La encarnación bien entendida, la persona de Cristo,
su naturaleza y su vida dan para quien lo entiende la norma segura para llegar a ser santo, 
con la santidad más verdadera, siendo al mismo tiempo humano, con el humanismo verdad..."
San Pedro Poveda, 1915.

Hay en el origen de la vocación teresiana una mirada a Teresa de Jesús, a su carácter "eminentemente humano y al mismo tiempo henchido de Dios" (P.P. 1915) La vida de los miembros de la Obra debería distinguirse por ese mismo carácter humano y al mismo tiempo divino, informado por la vida de Dios. El trabajo, la naturalidad, la tolerancia, la generosidad, la justicia, la alegría, la solidaridad, la templanza a la vez que el coraje, en definitiva ese conjunto de virtudes sólidas, son para Poveda el resultado de vidas llenas de espíritu y amor, de sentido y horizonte

Mi aspiración constante es pedir a nuestro Señor que la vida de [los miembros de la Institución Teresiana] sea sobrenatural; que sea como la de los primeros hijos de la Iglesia; que tengan como referente el modo de vida de los primeros cristianos. Ellos mantuvieron intacta la luz de la doctrina cristiana en el mundo pagano con un talante de sencillez, de apertura en el pensar, de desinterés en el hacer, de solicitud hacia los hombres -incluso destruyéndose a sí propios como la sal para cauterizar las heridas de los demás- sin aparatosidad, en silencio, excepto cuando la fe exigía un acto de testimonio -Creí, por esto hablé-, aceptando incluso las más dolorosas consecuencias -ser sumamente abatidos-.

La espiritualidad de la Institución Teresiana se centra en el conocimiento y seguimiento de Jesús de Nazaret, con la aspiración de san Pablo "hasta que Cristo sea formado en vosotros" (Gl, 4,19) Y que Pedro Poveda expresara tan claramente: "La Obra es Jesucristo. Él es el inspirador, el sostén, la vida, el modelo, la teoría, la práctica, el sistema, el método, el procedimiento, la regla, las constituciones, todo en suma". (1917). De aquí emerge una espiritualidad y una pedagogía. 

El origen de esa obra se acrisoló ante la Santina de Covadonga, por tanto, la figura y presencia de María, la madre de Jesús, tiene un lugar singular en nuestras vidas y en la Institución en su conjunto. Son abundantes las tradiciones marianas que se han vivido a lo largo de la historia y se viven en la actualidad. Tan es así, que san Pedro Poveda llegó a afirmar: "Preferiría ver desaparecer la Obra a ver disminuir en ella la devocación mariana". (1927)

Una vocación a la intemperie y para tiempos difíciles. 

 

"La Obra de apostolado que pretendemos realizar ha de ser idéntica a la de los primeros cristianos y los medios,
los que aquellos pusieron en práctica, aunque seamos tenidos por locos y atraigamos sobre nosotros el odio del mundo".
San Pedro Poveda, 1920

Por nuestra seglaridad vivimos el don del bautismo en plenitud y a la intemperie, es decir, en medio de las gentes, las culturas y los tiempos, en clave de evangelio, desde el amor. Esta es nuestra vocación. 

Por el contexto histórico en el que se desarrolló "la Idea buena", como Poveda se refería a la obra por él fundada, tiempo de combate de ideas,  de antagonismos y polarizaciones, de persecución, se trata de una obra para tiempos difíciles, puesto que había muchas para otros momentos. Esto nos exige cultivar un espíritu de templanza y mansedumbre, capacidad de diálogo y creatividad; ser personas capaces de vivir en realidades diversas, muchas veces adversas, en los límites o fronteras sociales y culturales.2  

El cristianismo que propone Pedro Poveda es consciente de esa actitud profunda y finamente humana, que necesita nuestro tiempo, y "que consiste más en saber escuchar que en exhortar, en dar antes que en recibir, en respetar antes que en querer ser respetado, en hacer antes que en mandar, en ser amable y amar antes que en pretender ser amado, en ser exigente consigo mismo antes que en exigir a los demás. Es un cristianismo de diálogo y testimonio, de renuncia del poder y del propio beneficio, en pos del servicio a los demás". 3

 

 

1. Pedro Poveda, Creí, por esto hablé, Estudio introductorio 1918-1924.
2. Ibidem. 1936, [511]
3. Mª Dolores Gómez Molleda, Pedro Poveda hombre interior, 2003, p. 53.

  


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